Eran la decada de los 60' y el machismo seguía rigiendo el mundo.
Una tierna niña, con ojos grises como la plata y cabello castaño cual roble, se hallaba escondida dentro del armario de su habitación, donde la había ocultado su madre, para protegerla...
Estaba tapándose los oídos y acurrucándose con las prendas.
Su madre le había enseñado a cantar en silencio cuando tuviera miedo, y era eso lo que estaba haciendo.
Los gritos, llantos y estruendos habían cesado luego de que alguien cerrara con fuerza alguna puerta.
Esperando que ya todo hubiera acabado, salió sigilosamente de su escondite y se dirigió a la cocina.
En el trayecto, observó vidrios rotos, cuadros destrozados y más desastres.
Finalmente halló a su madre, posada en una esquina, algo ensangrentada y limpiándose las lágrimas con las pocas fuerzas que le quedaban.
Al ver a su niña, le brindó una sonrisa tranquilizadora y extendió sus brazos para envolverla en un abrazo.
_¿Estás bien, pequeña?_ preguntó la madre con la voz más dulce jamás escuchada.
La niña solo asintió ligeramente con la cabeza y estrujó aún más fuerte a la mujer.
_¿Quieres hacer algo divertido?_Y volvió a sonreír a pesar del dolor físico y emocional que sentía.
La pequeña volvió a asentir tímidamente.
La madre se puso de pie y buscó del estante de la sala un libro de antigua apariencia. Se sentó a horcajadas junto a su hija y empezó a leer en voz alta.
Desde entonces la niña, cada vez que sentía que su mundo se caía, simplemente agarraba un libro y escapaba hacia uno mejor...
Sara Reckziegel