miércoles, 21 de octubre de 2020

Clamor de Lord Dragón

¿Cómo gritar si enmudezco?
¿Cómo correr si siquiera me mantengo despierto?
¿Cómo ser, 
y sentir envuelto en la bruma de un mar incierto?

Mis huellas las borra el viento,
Y el calor de mi aliento es opacado por el tiempo.
Ahora aúno en el silencio,
Solo el deseo de un forte crescendo.

¿A quién acudir?
¿Cómo resistir?
Si sueño que vuelo, mas luego veo
Que mis alas no han logrado persistir

Y en ese instante en que recuerdo el cielo
Y sus sedosas nubes y su consuelo
y toda esa paz sin recelo
Vuelvo a creer en que quizá,
En algún momento,
Valgan la pena los desvelos.

Sara Reckziegel





lunes, 24 de agosto de 2020

Víctimas de la mente

Existen mentiras, llamadas "idealizaciones", a las que nos aferramos con tanta devoción para nuestra propia salvación. Pareciera que nos ayudan a seguir cuando ya no tenemos fuerzas, que nos ayudan a ser cuando hasta respirar cuesta.
Nos salvan en algunos casos... pero en muchos otros, nos matan lentamente. Son la tortura que produce mayor sufrimiento. Cuando anhelamos, y vivimos y sufrimos por algo o alguien que nunca estará, que ya ha dejado de estar hace tiempo. Los lindos recuerdos nos iluminan y también sirven de combustible a la amargura del saber que ya no será lo que fue.
Pero son solo eso, mentiras.
Si después de tanto volvieras a tener esa oportunidad que imaginas repetidamente, te desilusionarías al ver que en tu mente era todo muy distinto; de que aquella persona ya no es lo que fue o lo que creíste que era.
¿Por qué engañarse? Las ilusiones son más frágiles que el cristal, para destruirlas solo basta un breve viento que las haga tambalear.


viernes, 7 de agosto de 2020

Insumisa Indignada

Estoy tan, tan agotada de esta misma situación que sucede de manera cotidiana, a la que todos estamos acostumbrados, sobre la que nadie dice nada.

Estoy asqueada, y harta de que extraños, o conocidos, o familiares, o cualquiera, se tomen el atrevimiento de dar comentarios de mi cuerpo. Estoy harta de esas obscenidades con las que lidio, al igual que todas, desde que tengo uso de razón. Estoy harta de ser víctima de acosos, y más de que estos se den en lugares tan públicos y que nadie diga o haga nada. Mostrar el dedo medio no basta para reflejar toda mi indignación.

Estoy realmente cansada de escuchar "piropos" para nada inocentes, que solo me hacen sentir sucia. Harta de que se crean con el derecho de tocarme al pasar, o en el transporte, o en cualquier otro lugar. Como si no supieran que luego iré a encerrarme horas en la ducha, refregando hasta dañar mi piel, hasta lograr quitar todas esas manchas de mi cuerpo, y de mi mente.

Y a la mierda el que me quiera culpar. Las faldas no son las únicas víctimas. El uniforme de trabajo y las camisas no te mantienen a salvo. 

Hoy recordé por qué siempre llevo los audífonos puestos cada que tengo que salir y caminar. Hoy no los llevé... y escuché todo aquello que siempre trato de ignorar.

Vaya mierda de sociedad. ¿Este es el mundo que quieren para sus hijas e hijos? ¿para su parejas o familiares? ¿para sus amigas y amigos?

Lo que no entiendo es por qué carajo se callan. Por qué mierda lo aceptan. Todos son igual de culpables por permitirlo.


jueves, 6 de agosto de 2020

Estrellas descarriadas

Existen personas especiales, a veces fugaces como algunas estrellas descarriadas, y a veces un poco más duraderas, como las delicadas flores de primavera.
Te hablo específicamente de personas que hoy ya no están en tu vida, o quizá sí (si has tenido suerte), pero que tuvieron un gran impacto en ti.
Esas que te brindaron la valiosa oportunidad de conocer lo que es la amistad, quienes te mostraron otra forma de ver a la vida y al mundo. Quienes probablemente te han enseñado a amar y a respirar algo más que aire.
Esas personas que a veces te duele recordar, porque ya no están. Esas que también sueles recordar con cariño y nostalgia, por todo lo que te dieron pese a que a veces crees no haber dado suficiente.
Y te recriminas por ello.
Porque puede que hubiera seguido aquí si hubieras hecho algo distinto, si hubieses sido mejor. Si tan solo no hubieses dicho esa última oración, que se malinterpretó pero que por alguna estúpida razón nunca decidiste aclarar.
Si tan solo lo hubiera aclarado...
Quizá, seguiría aquí.


lunes, 27 de julio de 2020

La Sombra del Tiempo

Dos años.

Suena a tan poco tiempo, pero es increíble lo mucho que una persona puede cambiar en ese intervalo. Nos reconstruimos día a día de manera inconsciente; y, cuando nos damos cuenta, somos personas muy distintas a las que fuimos recientemente. 

Es así que finalmente entendí aquella frase que, sinceramente me parecía un poco chocante, pero es más real de lo que creí. "Si me conociste hace un año, ya no me conoces".

Soy del tipo de persona a la que le gusta guardar ciertos recuerdos para sí. Los reviso con poca frecuencia, pero cada que lo hago vuelvo a descubrir tantas cosas. Mis pensamientos de entonces difieren de manera abismal con los actuales. Es como si estuviera estudiando a una persona distinta.
Aunque quizá esa concepción no esté tan errada. Tal vez todos seamos un conjunto de diferentes personalidades que se van turnando en sus tiempos de ocupar su espacio bajo la luz.

viernes, 5 de junio de 2020

Espejo roto

Tantos años, tanto tiempo sufriendo en silencio por lo mismo.
No hablando de ello o haciéndolo contadas veces y de manera desesperada en busca de una solución.
Aunque en mi mente, esa voz gritara cada vez más alto, más fuerte. Y en mi pecho, el agujero se hiciera más profundo, más pesado.
El insomnio y las lágrimas se aliaron, para hacer mis noches y soledades duras. Los temblores en las manos se sumaron, ya luego costaba respirar e hizo también presencia aquel dolor desgarrador en el pecho.
Todo era orquestado por esa voz. Por mi mente.
Pasaba el tiempo, y me sentía más cansada; siempre desganada e incluso las cosas que tanto amaba perdieron el sentido. Pero nadie se dio cuenta.
Dormir era todo lo que estaba bien. Leer también ayudaba... Porque así saltaba de este mundo y fingía ser otra persona por un rato. Era más sencillo enfrascarme en eso que hacerle frente a la realidad tan cruda. Y otra vez, nadie se dio cuenta.
Luego de mucho tiempo, dejé de ser la de antes. Dejé de pensar en sueños y colores, y pacté con la miseria.
Ya nada importaba. Todo había perdido el color, el sabor, la fragancia. Y el sentido.
Pero hoy me he dado cuenta de algo. Ya ha pasado tiempo de todo eso, ya no me siento así.
Extrañada, traté de entender qué cambió y luego de mucho pensar... Finalmente, lo entendí.
Todo perdió tanto el sentido, tanto, que incluso lo que hacía y lo que sentía también lo hizo.
No tenía el más mínimo sentido vivir con aquellos eternos complejos de insuficiencia. Comparándome todo el tiempo con personas que creía mejores o más bellas. Gastando inmensas cantidades de valioso tiempo deseando ser alguien más. Tratando de imaginarme en otra pinta y otra vida. ¿Y por qué no podía simplemente querer ser yo, y abrirme a lo que la vida preparara para mí? ¿Por qué eso no podía estar bien también?
Busqué tanto las manchas negras en el manto blanco, y como solo encontré algunas poquitas de un claro color beige, decidí imaginarlas más grandes y de negro, para martirizarme por estar defectuosa y por no ser digna de nada.
Toda esa orquesta, con mi mente como directora, escondía algo a la vista. Era mente la que la dirigía.
Todo lo que hacía falta para frenar el desastre, era que yo aprendiera a ser quien controle a mi mente, y no ella a mí.



martes, 26 de mayo de 2020

Mi cajita de recuerdos

Tengo una cajita de recuerdos, que guardo con la intención de que los momentos que más atesoro queden en manos de alguien si algún día dejo de estar. Con la intención de que algún día alguien pueda conocerme por completo a través de ellos.
Revisándola después de mucho tiempo, me he dado cuenta de que algo anda mal.
Porque ya no sé si sigo siendo lo que fui.
Sigo siendo aquella niña que soñaba con estudiar en Harvard y hacer cosas grandes que cambien el mundo para mejor. Aunque, también soy aquella niña que no hizo nada para lograrlo. Aquella que pensó que bastaba con tener fe para poder comerse el mundo, ignorante de que la fe sin acción no logra nada.
Sigo siendo aquella niña que soñaba con publicar libros desde joven, y con ser una artista de renombre. Pero también soy aquella que se acobarda frente al teclado luego de unos minutos, y aquella que pensaba que era suficiente con dibujar una vez cada varios meses para llegar a las famosas galerías de arte.
Al igual que sigo siendo aquella ingenua niña que quería ser violinista, maquilladora, profesora de dibujo, presidente, costurera, cantante y bailarina. Y lo fui, fui cada una de esas cosas... Brevemente. Nunca habiendo llegado a la cima de nada porque la constancia no se halla entre mis dones.
Cuando pienso en aquella niñita soñadora que fui y que aún llevo muy adentro, solo puedo pensar en lo decepcionada que ha de estar de lo que resultó ser al crecer. Definitivamente no soy la propia heroína que ella imaginó y anheló con tanto ahínco.
Solo deseo que juegue a las escondidas y nunca me encuentre para evitar el avergonzarse. Odiaría que viera en lo que se convirtió.

viernes, 22 de mayo de 2020

Que se jodan

Finalmente tomó aquella decisión que le andaba rondando la mente ya hace rato.
Frente al espejo, con las tijeras en la mano, y mechones esparcidos por el suelo.
Vestida con una blusa corta y con escote, que mostraba el piercing de su ombligo y que nunca había vestido por el qué dirán. Llevando una falda también corta, que siempre había deseado vestir pero que tampoco lo hacía por lo mismo.
Su ex novio le habría dicho que parecía una prostituta, y que disimulara su falta de recato porque le hacía pasar vergüenzas.
Su tía, le diría algo similar, aunque tal vez cambiando prostituta por ramera, algo más de su vocabulario. Agregando que su vulgaridad avergonzaba a la familia.
Sus compañeras se burlarían, como siempre, y murmurarían acerca de que sabían que no podía ser tan buena e inocente, que esas son las peores. Todo para disimular su envidia y falta de autoestima.
Y ahora, a ella le daba igual. Le valían mierda las opiniones de aquellos que nunca habían contribuido a construirla, que nunca le habían manifestado alguna muestra de verdadero amor o de interés bienintencionado siquiera. Le bastaba con saber que los suyos, los pocos que la amaban y demostraban desearle lo mejor, siempre estarían a pesar de todo.
Hoy tomó la decisión. 
Decidió mostrarle el dedo medio al mundo. Dejar de callar. Dejar de esperar la aprobación de todos y de cuidar sus palabras para no ofender a nadie.
Decidió sentirse sobradamente suficiente. Hacer y decir lo que verdaderamente le nacía, y abandonar aquello que hacía sin sentirlo; solo porque era lo que correspondía. Lo que dictaba la sociedad.
Hoy decidió ser libre y abrazar la paz con la que soñaba cada noche. Nadie podría corromper aquello, porque a nadie le daría esa posibilidad. 
El maquillaje que llevaba lo decía a gritos. Les advertía que hoy no llevaba puesta la paciencia y mansedumbre de siempre. 
El cigarro entre sus dedos contribuía a la idea de aquello. No, ya no se escondería.
Ella había logrado todo sola. Y se había valido sola. Ya era hora de que buscara solo su propia aceptación. Aunque se equivocara. Aunque se arruinara.
Y si lo hacía, sería siendo ella misma y no una ilusión de lo que demás decían que debería.
Así fue como salió, a ser feliz. A disfrutar de la vida y, por sobre todo, a amarse a sí misma.
Lo último que la escuché decir antes de salir fue: "que se joda el mundo".

sábado, 16 de mayo de 2020

Ella lloraba por las noches

Ella lloraba por las noches.
Cuando nadie podía oírla; cuando nadie podía juzgarla.
Las lágrimas que emergían con empeño,
buscaban delicadamente retornar a su origen en el suelo.
Ya era habitual.
Era el ritual que la ayudaba a triunfar al día siguiente.
Frente al día brutalmente glacial a causa de la gente imprudente,
con la que debía ser complaciente.
Ella, solo deseaba
sonreír sinceramente mañana.
Sin tapujos. Sin embrujos.
En un mundo sin maraña.
Pero no, no era esa la realidad.
Aunque se pudiera desear,
mas no le daba la potestad
y solo le restaba rezar.
"Ojalá mañana sea diferente"
y el suspiro deje de ser frecuente,
y el destino deje de ser renuente
a dejar de hacer su vida cadente.



domingo, 10 de mayo de 2020

Hay días, y días.

Hay días...

 Y días.

Todos variamos nuestras facetas algún que otro día.
A veces, pareciera que algo funciona distinto dentro de nosotros, porque mostramos un brillo tan potente, que le luce inusual hasta a la persona más alegre y optimista. Es una sensación maravillosa que nos empodera y nos genera una confianza suprema. En esos peculiares días, nos sentimos capaces de todo y definitivamente es así porque todo lo que hacemos se nos da bien.

Me hubiese gustado que este fuera uno de esos días, en lugar de el día que fue.

Porque también hay de esos otros días, que tampoco son los comunes y que son especiales pero de otro modo. En estos días de los que te hablo, uno se siente diferente, pero no por el brillo, sino por la opacidad. En donde desde que te levantas de la cama, o quizá después de unas horas, te empiezas a sentir extraño. Te vas dando cuenta de que haces cosas sin querer, o empiezas a hacer cosas que, de repente, revisas y resulta que no tienen ni el más mínimo sentido.
Se te olvida todo, no te puedes concentrar, te distraes con una rapidez ensordecedora. Y sientes que vuelas pero no en un buen sentido.
La frustración es la actitud que rige estos días que, gracias al cielo, tampoco son tan frecuentes. Y esta frustración es acompañada por la tristeza y los constantes suspiros.

Entonces uno solo espera que llegue la noche, y se suele ir a dormir más temprano de lo común. Con la sola intención de que ese día ya acabe, y esperanzado de que, el día siguiente no vuelva a coincidir ese mismo tipo de día.

viernes, 8 de mayo de 2020

Mi peor enemigo

Existe una persona, una que siempre me hace daño.
Y se esfuerza tanto en hacerme sentir miserable casi todos los días, cada vez que tiene la mínima oportunidad.
Me hace sentir tan vulnerable. Tan insuficiente.
Y... Realmente no sé por qué se lo permito. A nadie más le he dado esa potestad.
Pero esta persona es diferente, porque la quiero tanto y creo que sería capaz de perdonárselo todo.
Anhelando con desesperación su aprobación que parece nunca llegar. Solo durante efímeros momentos podemos estar en paz, luego todo se vuelve a resquebrajar y yo vuelvo a estar acurrucada en un rincón, con lágrimas rebosantes en los ojos y abrazada a mí misma, mientras que esta persona, está de pie frente a mí, gritándome todas mis falencias y escupiéndome a la cara para hacerme sentir aún más humillada y pequeñita.
¿Cómo le hago saber que quiero la paz? Que quiero que estemos bien, llegar a una tregua.
¿Cómo le hago entender que solo quiero amarle y que me ame también?
¿Cómo se lo digo? Si cada vez que procuro hablarle volvemos al ritual eterno de sentirme dolida y de esta persona ofendiéndome.
Suspiro. 
"Lo seguiré intentando", me digo y me dirijo a procurarlo de nuevo, de pie frente al espejo.

jueves, 7 de mayo de 2020

En la piel

Te diría que te llevo en el alma. Pero no es precisamente ahí en donde llevo tu recuerdo.

Lo llevo tan marcado, tan adherido a mí, que es inevitable que la piel se me erice cada noche. Que se erice siempre en un momento determinado. Determinado, a revivir el calor de tu toque... Y la suavidad del paso de tus dedos, torno a mis caderas.

Te diría que te llevo en el alma.

Pero mentiría.

Porque te llevo en la piel. 

lunes, 4 de mayo de 2020

Lo que mi amigo se llevó.

Se veían tan felices compartiendo mimos y sonrisas sin preocuparse de quién los viera.
Yo seguía sentado en una mesa distante a la suya, con una cerveza medio vacía. Recordando los momentos en que yo era el motivo de esas risas, que eran tan preciosas. Al parecer no fui el único en notar esa belleza, ya que de no ser por eso, ella seguiría sentada conmigo. Al igual que mi amigo.
También pasaban por mi mente todas las veces en que le hablé a él de ella... Pidiéndole consejos. Y ahora entiendo su insistencia en que no debería tomarla tan enserio y sus constantes burlas por mi entusiasmo.
Fui tan estúpido, ¿cómo pude no haberme dado cuenta?
Ahora entiendo que cuando tienes algo que atesoras, debes guardarlo para ti solo. Porque cuando alguien más entienda lo que vale, no dudará en hacerse con ello a la primera oportunidad.

sábado, 2 de mayo de 2020

¡Salud!

Hoy pido, no. Exijo un brindis.
Exijo dos copas rebosantes de champán, o de vino tinto, o de vodka barato, para esta ocasión especial.
Que, en realidad no es una ocasión especial, pero es en memoria de muchas otras ocasiones que sí lo fueron.
Brindo por esos momentos que vivirán únicamente en nuestra memoria. Aunque ya quizá solo en la mía, porque puede que la tuya los haya dejado morir.
Pero qué importa. No me duele la pena de lo que dejó de ser. Prefiero quedarme con la gloria de lo que fue, y alimentar mi contento recordando que mi dicha fue plena. Y, francamente, valió la pena cada segundo.
Y este brindis es como un ritual. Algún cierre de ciclos que excluye los cortes de cabello o cambios drásticos de look. Porque, pensándolo bien... Por fuera creo que seguimos luciendo exactamente igual. Pero -no sé si lamentablemente o no-, ya no somos los mismos.
Luces igual, pero te veo tan diferente. Y quizá tu puedas alegar lo mismo en cuanto a mi respecta. En realidad no lo sé. Aunque siempre me haya jactado de leerte con facilidad, nunca pude verme a través de tus ojos, y lo anhelaba con tanto fervor.
Pero esa ignorancia probablemente fue lo mejor. Sospecho que me ahorré sobrados disgustos al no ver el cambio en tu mirar. Miento. Claro que lo noté, pero preferí fingir demencia y así entendí que esa ignorancia tenía sus encantos.
 ¡Salud! -Digo extendiendo mi copa al cielo.
¡Por ti, por mí!
Y por lo que fue, sin haber debido ser.

-Finalmente, bebo cada gota de su contenido y lanzo el cristal a un costado, sin interesarme en lo que suceda con él.

Sara Reckziegel

martes, 28 de abril de 2020

Tú puedes hacerlo también.

Quién diría que esta situación traería tantas cosas buenas.

Mientras nosotros nos ocupamos de mantener el distanciamiento social y resguardarnos en la seguridad de nuestras casas, afuera el mundo se renueva con rapidez; aprovechando cada segundo de su descanso de nosotros. El aire se purifica, delfines de río encuentran su camino en nuestros habituales lugares de fiesta. Y nosotros, nosotros tenemos una oportunidad realmente única para reencontrarnos y para esclarecer quiénes somos y qué es lo que realmente queremos.

En este tiempo siento que pude encontrar mi voz, y aclarar lo que nunca antes había aclarado. Logré entender qué es lo que realmente anhelo. Logré entenderme.

Estoy empezando a cambiar hábitos que odiaba de mí, pero que eran más fuertes que yo, y ahora soy yo la que se siente invencible tras hallar la libertad de esa celda de frustraciones que solo amargaba mi existir.

Y creo poder asegurar, que nunca antes me había sentido mejor.

Hoy siento que tengo magia en cada pedazo de mi ser. y la aprovecharé hasta lo último.

Y es por ello que hoy tengo el coraje, de renunciar a todo aquello no me gusta de mí, y de emprender el camino hacia eso que soñaba. Y digo "soñaba" porque siempre lo consideraba improbable, pero ya dejó de ser así. Esos sueños hoy se transformaron en objetivos, estructurados con metas. En logros que quizá tarde en realizar, pero que, tal vez más tarde que temprano lograré y me llenarán de tanto orgullo como el que imagino cada vez que pienso en el momento en que realmente se haya concretado.

Deseo con todo mi corazón que más personas puedan encontrar su voz en estos días, que lamentablemente son más difíciles para algunos que para otros dadas las condiciones de desigualdad que nos son tan características como sociedad. Ojalá puedas encontrarte a ti mismo, y tomar el coraje para hacer eso que siempre anhelaste, pero que también siempre trataste de apartar de tus pensamientos por no creerte capaz, o por no creerlo posible.

Solo tú puedes determinar hasta dónde llegarás. Lo único que puede diferenciarte de aquellos que llegaron hasta donde quieres estar, es que ellos tomaron el coraje y lo intentaron, se cayeron muchas veces pero siguieron intentando. Tú puedes hacerlo también.

jueves, 23 de abril de 2020

Libros, libros.

Hoy es el día del libro, no un simple día más. 
Es por ello que decidí escribir acerca de lo que los libros fueron para mí desde hace unos años.
No, no es simple lectura. Va mucho más allá.

Mi relación con ellos inició cuando hace cuatro años mi profesora nos encomendó la lectura de un clásico. "El Lazarillo de Tormes" era el que me correspondía.
Este fue el primer libro que leí hasta el final. Era algo que en esos tiempos me parecía tan utópico, porque leer un libro siempre parecía ser demasiado difícil para mí, lo veía como algo tan distante por alguna razón que aún no comprendo del todo.
Terminarlo, fue tan gratificante. Fue genial descubrir que prefería los libros a las películas porque estos no limitaban mi imaginación como ellas. 
Eso fue a mediados de año. Llegadas las vacaciones de verano, estaba tan encantada descubriendo cada vez más y más historias hermosas, que calaban hondo en mí.
En ese verano leí cuarenta y dos libros, y recién empezaba.
La miopía y el cansancio que se formaban no me detuvieron ni por un solo segundo. No dormía hasta que terminara el libro vigente, y no porque no quería; sino porque la ansiedad y la curiosidad de saber qué sucedía después me quitaba la posibilidad de hacerlo. Era más fuerte que yo.
Solo sé, que los libros fueron mis mejores compañeros en la soledad. Me obsequiaron la posibilidad de olvidar todo lo que sucedía a mi alrededor con tan solo sumergirme en sus aladas páginas. Fueron mi paz durante el caos. Son mi mejor consuelo. 
Es tan difícil de describir lo que significa imaginar a cada uno de esos personajes y sentirlos tan vivos, tan reales. Odié a algunos y me enamoré de muchos de ellos. Sentí la amistad y la fraternidad de la mayoría al igual que su amor y cariño.
Y todo ello, centenares de libros después, solo pudo encaminarse hacia una cosa: El deseo de escribir.
En realidad, escribo mucho antes de lo que leo. Desde que tengo memoria. Pero eso fue pulido por la creatividad y el vocabulario que se iban generando. Y también era nueva la parte de querer escribir para alguien más que para mí. 
Creo que todo lector empedernido, tarde o temprano se cruza con esta idea; la de querer tocar el corazón de otros de la misma manera que otros tocaron el tuyo, mediante historias tan emotivas, que siempre te inspiran a más aunque las leas mil veces.
Quien sabe. Quizás algún día lo logre, o quizá no. Pero le daré libertad a esa llama; y, tal vez pronto se le de la oportunidad.



(23 de abril, día mundial del libro)

lunes, 20 de abril de 2020

Posdata: Lo siento.

Me es muy difícil hacer esto.
Me cuesta, y mucho, tragarme el maldito orgullo que siempre me impide tener paz... y ser feliz.
Me cuesta, y ¡Carajo, cómo me cuesta!
Pero hoy, cuando casi te escribo para felicitarte, pensé: "con qué cara pienso hacer eso y actuar como si nada", cuando yo evité todo contacto desde el principio, sin pedir explicaciones ni darte la oportunidad de darlas.
Estaba dolida, y en un mal momento. E hice lo que mejor sé: Cagarla y a lo grande.
Varias veces casi llego a escribirte, lo más cercano fue aquella publicación que te envié porque no sabía como empezar. Qué irónico teniendo en cuenta lo mucho que me gusta jactarme de mi amor por la escritura. 
Y últimamente estuve reflexionando demasiado. Mis mayores pilares están tan lejos, que a veces siento que ya ni los tengo, y definitivamente no quiero perder a más gente que amo y aprecio.
La culpa me estuvo carcomiendo, cuando ocurrió algo y a quién quise contárselo fue a ti; o cuando quería tener de nuevo alguna de esas llamadas largas durante la madrugada, contándonos todo lo que sucedía y el cómo nos sentíamos al respecto, pero no es lo mismo con nadie más.
Me arrepiento, de dejar que mis inseguridades dominen mi mente, haciéndome creer siempre que no puedo confiar en nadie, que en algún momento todos me decepcionarán. Pero ya estoy grande para intentar justificarme con cosas que la madurez, que al parecer aún no me toca, ya debió haber dejado en el pasado.
Y, precisamente pensando en ello: en que es hora de crecer, es que decidí iniciar por lo que ocupaba mayor espacio en mi mente... Decirte Feliz Cumpleaños.



Posdata: Lo siento.

Sara Reckziegel

sábado, 18 de abril de 2020

Culpa de mis miedos

Ya ha pasado más de un mes desde el inicio del confinamiento. Y, desde el principio, mi principal misión fue combatir tu nombre en mis pensamientos.
No tenía caso hundirme en tu recuerdo, cuando, pese a haber alguna posibilidad entre nos; no te vería en quién sabe cuánto tiempo y ya tenía suficientes problemas por los que preocuparme. O esa era mi excusa para no admitirme a mí misma que estaba cagada de miedo ya que una cosa es verte a esos preciosos ojos y sentir el abrigo de tus caricias, y otra muy distinta el conversar escudados por pantallas. Pantallas que me impiden ser consciente de tus gestos y, por ende, de tu recepción a mis palabras.
Ya soy lo suficientemente insegura como para exponerme a los nervios que implican el estar jugando a ese tipo de adivinanzas. Yo necesitaba verte. Por el mero placer de ello. Y porque, es en tus ojos en donde encuentro fugaces reflejos de tus pensamientos, que me ayudan a saber si los pasos que estoy dando son los que me llevarán hacia ti.
Hoy. Después de un mes y una semana de confinamiento... el sentir que te tengo me impulsó a hablarte. Mas, mi necesidad de tener todo siempre bajo control me obligó a revisar tus últimos tweets antes. Solo por seguridad. 
Y aún no sé si estoy agradecida o no de haberlo hecho. Solo sé que mediante ello pude ser consciente de que lo que estaba apunto de hacer no tenía caso. Y también sé, que te perdí. 
Aunque de eso tampoco estaría tan segura, dado que, ¿cómo podría perderte si realmente nunca te tuve? 
Tal vez al igual que esos reflejos en tus ojos, quizá te tuve durante instantes fugaces. Esos instantes en que, sin serlo realmente, éramos el uno del otro. Tan cómplices. Destellando un fulgor del que quizás ambos no fuimos conscientes, pero los demás sí. Y al escucharlo fue que me di cuenta.
Probablemente no hubo quién te hizo consciente de ello como a mí. Y sea por eso que me olvidas.
Aunque de vez en cuando me recuerdas, y vuelves a mí.
Y todo esto solo me hizo tener clara una cosa: la próxima vez que vuelvas, apagaré la voz de mis miedos y daré rienda suelta a mis sentires, que por primera vez, conocerán la plena libertad.

Qué será tienen las palabras

 Amo escribir. Pero m ás que amarlo, lo necesito. Como respirar. El ex-presar lo que preso en el pecho está. El soltar lo que danza y danz...

Destacadas