viernes, 22 de mayo de 2020

Que se jodan

Finalmente tomó aquella decisión que le andaba rondando la mente ya hace rato.
Frente al espejo, con las tijeras en la mano, y mechones esparcidos por el suelo.
Vestida con una blusa corta y con escote, que mostraba el piercing de su ombligo y que nunca había vestido por el qué dirán. Llevando una falda también corta, que siempre había deseado vestir pero que tampoco lo hacía por lo mismo.
Su ex novio le habría dicho que parecía una prostituta, y que disimulara su falta de recato porque le hacía pasar vergüenzas.
Su tía, le diría algo similar, aunque tal vez cambiando prostituta por ramera, algo más de su vocabulario. Agregando que su vulgaridad avergonzaba a la familia.
Sus compañeras se burlarían, como siempre, y murmurarían acerca de que sabían que no podía ser tan buena e inocente, que esas son las peores. Todo para disimular su envidia y falta de autoestima.
Y ahora, a ella le daba igual. Le valían mierda las opiniones de aquellos que nunca habían contribuido a construirla, que nunca le habían manifestado alguna muestra de verdadero amor o de interés bienintencionado siquiera. Le bastaba con saber que los suyos, los pocos que la amaban y demostraban desearle lo mejor, siempre estarían a pesar de todo.
Hoy tomó la decisión. 
Decidió mostrarle el dedo medio al mundo. Dejar de callar. Dejar de esperar la aprobación de todos y de cuidar sus palabras para no ofender a nadie.
Decidió sentirse sobradamente suficiente. Hacer y decir lo que verdaderamente le nacía, y abandonar aquello que hacía sin sentirlo; solo porque era lo que correspondía. Lo que dictaba la sociedad.
Hoy decidió ser libre y abrazar la paz con la que soñaba cada noche. Nadie podría corromper aquello, porque a nadie le daría esa posibilidad. 
El maquillaje que llevaba lo decía a gritos. Les advertía que hoy no llevaba puesta la paciencia y mansedumbre de siempre. 
El cigarro entre sus dedos contribuía a la idea de aquello. No, ya no se escondería.
Ella había logrado todo sola. Y se había valido sola. Ya era hora de que buscara solo su propia aceptación. Aunque se equivocara. Aunque se arruinara.
Y si lo hacía, sería siendo ella misma y no una ilusión de lo que demás decían que debería.
Así fue como salió, a ser feliz. A disfrutar de la vida y, por sobre todo, a amarse a sí misma.
Lo último que la escuché decir antes de salir fue: "que se joda el mundo".

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Qué será tienen las palabras

 Amo escribir. Pero m ás que amarlo, lo necesito. Como respirar. El ex-presar lo que preso en el pecho está. El soltar lo que danza y danz...

Destacadas