Lo llevo tan marcado, tan adherido a mí, que es inevitable que la piel se me erice cada noche. Que se erice siempre en un momento determinado. Determinado, a revivir el calor de tu toque... Y la suavidad del paso de tus dedos, torno a mis caderas.
Te diría que te llevo en el alma.
Pero mentiría.
Porque te llevo en la piel.
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