Muerte. Siempre escuchamos sobre ella, nos advierten no jugar con ella y a veces hasta advertimos lo mismo... Pero la realidad es, que nos sabemos inmortales. Y, al igual que con las graves enfermedades, pensamos que a nosotros no nos toca.
Sin embargo, la vida es tan efímera y solo advertimos aquello en momentos como la pérdida de un ser allegado. El resto del tiempo lo catalogamos de impensable e improbable.
Tal vez es por ello que no nos tomamos la vida en serio. No me refiero a tomarla con seriedad, sino a disfrutarla y aprovecharla de manera desmedida.
Tal vez eso explique esos "no me atrevo" tan cobardes y sinsentidos de los que nos arrepentimos después. ¿Por qué no te atrevés? El miedo a fracasar no es una excusa válida. Se te va, la vida se te va y no la estás aprovechando. ¿Qué estás esperando? Enfrentala y creá tus propias oportunidades, creá tu camino.
Disfrutá sin culpa de una buena comida de vez en cuando.
Decile a esa persona que la querés y no importa si no te corresponde (por ahí tenés chances y las estás desperdiciando por cobarde).
Tomate un tiempo solo.
Respondé "no" sin sentirte egoísta, no tenés la obligación de estar para todos siempre.
Descansá del trabajo unos días y andá a conocer ese lugar del que siempre guardás fotos.
Y viví. Viví al cien haciendo lo que se te cante en gana si no daña a nadie. Disfrutala porque se te está yendo, la vida se te está yendo y no vuelve, así que no la dejes para después.
Sara Reckziegel