martes, 9 de abril de 2019

Desnuda

Nunca me he sentido tan expuesta. Tan vulnerable.
Lo que tienes frente a ti es una versión mía que nunca antes conoció la luz. Una que, creo que ni yo misma he contemplado jamás.
Por algún motivo que desconozco, te estoy revelando mi desnudez; y sin procurar siquiera cubrir mis cicatrices u otros defectos. Sin fingimientos. Sin las falsas fortalezas con las que siempre me visto.
Sin mentiras.
Esto es todo lo que soy. Alguien sin nada interesante que ofrecer; alguien que ha recibido muchos golpes y a quien no le haría diferencia uno más en caso de que decidieras ignorarme y marcharte en este momento. Que sería la decisión más prudente.
No pidas un porqué; yo tampoco lo sé. Simplemente sentí la imperante necesidad de desnudarme frente a ti al mismo tiempo en que me desvisto. De mostrarte mi alma: dándote la posibilidad de tocarla e incluso destrozarla si fuere tu voluntad.
Y es en este momento en el que me doy cuenta de que todo lo que me empeño en proyectar no es más que una vil mentira; pelando mis capas advierto que las que están más adentro, las más importantes, son aquellas que me revisten de inseguridad, desconfianza y debilidad.
No soy fuerte, como me gusta creer; tengo inseguridades tan abismales que no comprendo cómo caben ahí. Escondiditas. Pasando desapercibidas pero no dejando, a fin de cuentas, de estar presentes. Y al acecho.
Y ahora que lo veo todo con claridad, no sé cómo actuar. No sé cómo seguir. Me siento como un niño que descubre que todo lo que le han enseñado está mal. Que todo lo que creía conocer lo desconoce.
¿Qué piensas que debería hacer? ¿Seguir fingiendo, y sufriendo por ello cada que me encuentre cara a cara con mi soledad? ¿o sacar a la luz mi deprimente realidad? En ambos caminos puedo pronosticar cierto dolor y pesar, entonces, ¿es mejor sufrir por apariencias o por la realidad?
Creo que seguiré con las apariencias... Al menos ellas no lucen tan penosas. Aunque esto será aplicable solo ante los demás ahora que tú sabes la verdad y empiezas a verme con otros ojos; con los ojos de quien está atando cabos, uniendo piezas, y analizando.
Aunque yo misma te haya recomendado la prudente decisión de marcharte -por tu bien, no por el mío-, ahora temo que lo hagas. Ese golpe tal vez sí sería más fuerte de lo que puedo soportar. Mas, ya es tarde para volver a vestirme; porque, aunque lo hiciera, ya has visto la verdad. Y no volverás a tragarte esa, aunque muy elaborada, apariencia mentirosa; y ya veo cómo vas juntando tus cosas para salir y, probablemente, no regresar.

Sara Reckziegel

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Qué será tienen las palabras

 Amo escribir. Pero m ás que amarlo, lo necesito. Como respirar. El ex-presar lo que preso en el pecho está. El soltar lo que danza y danz...

Destacadas