lunes, 7 de octubre de 2019

Patética

Miro nuevamente tu contacto en WhatsApp.
Van muchas más de diez las veces en que llevo repitiendo este proceso hoy.
Extrañarte, tomar el coraje de escribirte, entrar en la conversación y escribir el "hola". Pero justo antes de enviar, te veo en línea, y mis permanentes complejos de insuficiencia me gritan "está hablando con alguien más", lo que es motivo suficiente para que me retraiga por completo, aborte la misión y huya despavorida hacia la cabañita que construí con mucho esfuerzo en mi zona de confort.
"Qué ridícula soy" me reitero mientras entierro el rostro en la almohada, deseando que me trague la tierra para evitar los acostumbrados ahogos en mi vasito de agua. Y lo peor es que no bastan para ahogarse de verdad, solo para torturarme por tener la maldita costumbre de pensar demasiado las cosas y por ende, complicar tanto lo sencillo.
Varios suspiros después pienso: "basta de tanta estupidez".
Si quiero escribirle, simplemente tengo que hacerlo. Y voy nuevamente al chat en cuestión, miro tu nombre con cariño y escribo el bendito (o maldito) saludo.
Pero justo antes de enviar, vuelves a estar en línea, vuelves a hacer (sin tener idea) que me sienta estúpida por querer perder la dignidad cuando probablemente hayan personas más interesantes con quienes puedas hablar.
Y pienso "basta". Este ridículo círculo vicioso ya se volvió tedioso. Voy a seguir esperando a que des el primer paso (me digo tontamente), y si no, pues bien.
El orgullo que solía caracterizarme se presenta al fin a cumplir su papel y a reclamarme por ser tan patética en su ausencia.
Hay mejores cosas que hacer.

Sara Reckziegel 

Prometo no hablarte de amor

El miedo la apartó de la entrega total,
De la seriedad,
Debido a unos brazos que no la supieron cuidar.

¿Y yo?
Que me manejo en la promiscuidad,
En sus ojos puedo notar
El interés
Aunque procure disimular.

Sé que ya no quiere compromisos
Pero teme que la quiera
Solo para una vez,
Y tal vez, no seguiré al amanecer.

En lo que me acerco a conversar
Lo vuelvo a considerar.
Su cuerpo escultural,
Su carisma sin igual,
Y esa cicatriz en el alma que la hace especial.

Entonces le digo:
"No te preocupes,
No pienso hablarte de amor.
Pero, ¿una vez? No será suficiente".
Es mi instinto el que lo presiente.

Y repito:
"No te preocupes,
No pienso hablarte de amor.
Entonces, ¿qué te parecen dos?"
Y así cerramos el acuerdo entre nos.


Sara Reckziegel

sábado, 20 de julio de 2019

Se te va


Muerte. Siempre escuchamos sobre ella, nos advierten no jugar con ella y a veces hasta advertimos lo mismo... Pero la realidad es, que nos sabemos inmortales. Y, al igual que con las graves enfermedades, pensamos que a nosotros no nos toca.
Sin embargo, la vida es tan efímera y solo advertimos aquello en momentos como la pérdida de un ser allegado. El resto del tiempo lo catalogamos de impensable e improbable.
Tal vez es por ello que no nos tomamos la vida en serio. No me refiero a tomarla con seriedad, sino a disfrutarla y aprovecharla de manera desmedida.
Tal vez eso explique esos "no me atrevo" tan cobardes y sinsentidos de los que nos arrepentimos después. ¿Por qué no te atrevés? El miedo a fracasar no es una excusa válida. Se te va, la vida se te va y no la estás aprovechando. ¿Qué estás esperando? Enfrentala y creá tus propias oportunidades, creá tu camino.
Disfrutá sin culpa de una buena comida de vez en cuando.
Decile a esa persona que la querés y no importa si no te corresponde (por ahí tenés chances y las estás desperdiciando por cobarde).
Tomate un tiempo solo.
Respondé "no" sin sentirte egoísta, no tenés la obligación de estar para todos siempre.
Descansá del trabajo unos días y andá a conocer ese lugar del que siempre guardás fotos.
Y viví. Viví al cien haciendo lo que se te cante en gana si no daña a nadie. Disfrutala porque se te está yendo, la vida se te está yendo y no vuelve, así que no la dejes para después.

Sara Reckziegel

miércoles, 29 de mayo de 2019

Caos

Te observo mientras duermes, a la vez en que tomo la decisión más importante de momento.
Tú duermes plácidamente, manteniendo un rostro angelical que de otro modo no estaría presente. Y yo sigo observando:
Cada línea de tu rostro, el ritmo pausado y manso de tu respirar, y tu apacible gesto tan fuera de lugar.
Voy al balcón enfundada en tu camiseta y el contacto con la frescura nocturna eriza cada bello de mi piel. Enciendo un cigarrillo, pese a mis constantes declaramientos de dejarlo. Pero ya ves, también me he prometido dejarte y aquí estamos. Parecieran que exhalando el humo se aligeraran mis penas, esas que ya aprendieron a nadar.
La luna se oculta tras las nubes. Privándome de su consejo. Sugiriendo que utilice la madurez al menos en esta vez, y al tratar de hacerlo no hago más que atender a lo obvio: que no nos queremos, salvo cuando alguno de los dos está con otro y que juntos solo ocasionamos destrozos. Somos como un huracán que arrastra a todo aquel que se encuentre a su paso, sin escatimar en daños. Conociendo todo sobre el orgullo, la falta de dignidad, la desesperación, y la momentánea tranquilidad.
Por eso me voy -lejos-. Porque este infierno es demasiado grande para mis demonios, y porque anhelo vivir de verdad.
Pero me llevo tu camiseta, que te suplirá cuando precise sentirte cerca; cuando todo sea muy tranquilo y el equilibrio requiera... un poco de caos para poderse estabilizar.

Sara Reckziegel

martes, 23 de abril de 2019

Mi escape

Eran la decada de los 60' y el machismo seguía rigiendo el mundo.

Una tierna niña, con ojos grises como la plata y cabello castaño cual roble, se hallaba escondida dentro del armario de su habitación, donde la había ocultado su madre, para protegerla...

Estaba tapándose los oídos y acurrucándose con las prendas.

Su madre le había enseñado a cantar en silencio cuando tuviera miedo, y era eso lo que estaba haciendo.

Los gritos, llantos y estruendos habían cesado luego de que alguien cerrara con fuerza alguna puerta.

Esperando que ya todo hubiera acabado, salió sigilosamente de su escondite y se dirigió a la cocina.

En el trayecto, observó vidrios rotos, cuadros destrozados y más desastres.

Finalmente halló a su madre, posada en una esquina, algo ensangrentada y limpiándose las lágrimas con las pocas fuerzas que le quedaban.

Al ver a su niña, le brindó una sonrisa tranquilizadora y extendió sus brazos para envolverla en un abrazo.

_¿Estás bien, pequeña?_ preguntó la madre con la voz más dulce jamás escuchada.

La niña solo asintió ligeramente con la cabeza y estrujó aún más fuerte a la mujer.

_¿Quieres hacer algo divertido?_Y volvió a sonreír a pesar del dolor físico y emocional que sentía.

La pequeña volvió a asentir tímidamente.

La madre se puso de pie y buscó del estante de la sala un libro de antigua apariencia. Se sentó a horcajadas junto a su hija y empezó a leer en voz alta.

Desde entonces la niña, cada vez que sentía que su mundo se caía, simplemente agarraba un libro y escapaba hacia uno mejor...

Sara Reckziegel

martes, 9 de abril de 2019

Desnuda

Nunca me he sentido tan expuesta. Tan vulnerable.
Lo que tienes frente a ti es una versión mía que nunca antes conoció la luz. Una que, creo que ni yo misma he contemplado jamás.
Por algún motivo que desconozco, te estoy revelando mi desnudez; y sin procurar siquiera cubrir mis cicatrices u otros defectos. Sin fingimientos. Sin las falsas fortalezas con las que siempre me visto.
Sin mentiras.
Esto es todo lo que soy. Alguien sin nada interesante que ofrecer; alguien que ha recibido muchos golpes y a quien no le haría diferencia uno más en caso de que decidieras ignorarme y marcharte en este momento. Que sería la decisión más prudente.
No pidas un porqué; yo tampoco lo sé. Simplemente sentí la imperante necesidad de desnudarme frente a ti al mismo tiempo en que me desvisto. De mostrarte mi alma: dándote la posibilidad de tocarla e incluso destrozarla si fuere tu voluntad.
Y es en este momento en el que me doy cuenta de que todo lo que me empeño en proyectar no es más que una vil mentira; pelando mis capas advierto que las que están más adentro, las más importantes, son aquellas que me revisten de inseguridad, desconfianza y debilidad.
No soy fuerte, como me gusta creer; tengo inseguridades tan abismales que no comprendo cómo caben ahí. Escondiditas. Pasando desapercibidas pero no dejando, a fin de cuentas, de estar presentes. Y al acecho.
Y ahora que lo veo todo con claridad, no sé cómo actuar. No sé cómo seguir. Me siento como un niño que descubre que todo lo que le han enseñado está mal. Que todo lo que creía conocer lo desconoce.
¿Qué piensas que debería hacer? ¿Seguir fingiendo, y sufriendo por ello cada que me encuentre cara a cara con mi soledad? ¿o sacar a la luz mi deprimente realidad? En ambos caminos puedo pronosticar cierto dolor y pesar, entonces, ¿es mejor sufrir por apariencias o por la realidad?
Creo que seguiré con las apariencias... Al menos ellas no lucen tan penosas. Aunque esto será aplicable solo ante los demás ahora que tú sabes la verdad y empiezas a verme con otros ojos; con los ojos de quien está atando cabos, uniendo piezas, y analizando.
Aunque yo misma te haya recomendado la prudente decisión de marcharte -por tu bien, no por el mío-, ahora temo que lo hagas. Ese golpe tal vez sí sería más fuerte de lo que puedo soportar. Mas, ya es tarde para volver a vestirme; porque, aunque lo hiciera, ya has visto la verdad. Y no volverás a tragarte esa, aunque muy elaborada, apariencia mentirosa; y ya veo cómo vas juntando tus cosas para salir y, probablemente, no regresar.

Sara Reckziegel

domingo, 7 de abril de 2019

Tú, tú, tú.

Dije que no te volvería a escribir. Ya en el fondo sabía que mentía, pues, he perdido la credibilidad en lo que se refiere a todo lo que supuestamente dejaré de hacer contigo.
Y en esta ocasión, probablemente te escribo para perder la dignidad. Aunque eso no es novedad, ¿verdad? Ya debería ser hora de que entienda que no debes ser una necesidad; que debo amarme a mí primero para poder amarte desde la independencia emocional. Pero ve a decirle eso a mi ingenuo corazón. Que hasta palpita diciendo: "tú, tú, tú".
Creo, no. Estoy segura de que yo fui el problema. No es necesario que lo digas, ya sé que te sofoqué siendo tan atorrante como soy y no sabiendo comprimir lo que llevo dentro.
En algún momento se me habrá averiado aquel filtro que las personas prudentes llevan incorporado. Ese que descarta lo que no te conviene sacar y que te ayuda a pensar claramente el comportamiento adecuado. Creo que se llama conciencia, pero oigo tantas voces en mi cabeza que gritan más alto que ya ni distingo si lo tengo o no.
Por eso te escribo de nuevo, te escribo para decirte por escrito lo que no puedo hablar. Lo que gritan mis ojos aunque tú no sepas leerlos. Lo que necesito que sepas, pero acostumbro callar por falta de valentía (por no decir, exceso de cobardía).
¿Acaso cambiará algo? Tal vez sí, tal vez no. Y, sinceramente, lo dudo. Sin embargo, al menos tendré la conciencia tranquila al saber que hice hasta mi último intento por salvar de la muerte a cual fuere la relación que tenemos. O teníamos.

Sara Reckziegel

lunes, 1 de abril de 2019

Lugar equivocado

Acabo de entender que este no es mi lugar.
Lo siento si tardé en hacerlo. Pero este no es mi lugar porque, aunque te quiera con locura, nunca me siento cómoda a tu lado.
Es frustrante tener que cuidar lo que hago o digo cada que estás conmigo, no siento presente mi atesorada libertad.
Y este no es mi lugar, porque algo me impide desplegarme, algo me impide "ser". Y ese "algo", eres tú; tú y tus maneras, que esperas que el mundo se adecue a ti en lugar de hacerlo tú; que esperas que yo lo adivine todo y me haces sentir como si fuera una niña tonta cada vez que se me escapa un poco de mi real forma de ser.
Y nuevamente lo siento, porque, aunque me desviva leyendo y escribiendo, no estoy hecha de papel y no puedo seguir así.
O tal vez pueda, pero evidentemente, no quiero.
Sara Reckziegel

jueves, 28 de marzo de 2019

Narcisista por excelencia

El orgullo es un defecto tan mío. Pero creo que es mi mayor virtud en este momento; en este preciso momento en el que admito, a viva voz, que me quiero y considero demasiado y en que decido no conformarme con menos que lo mismo.
Por eso me cuelgo al hombro el bolso, y me voy por una puerta distinta de la que usé para entrar, porque tu concepto de mí ahora, probablemente difiera del del principio.
No puedo esperar simplemente a que "me prefieras". Tal vez soy poco perseverante, pero conmigo lo es todo o nada. Y, aunque pienses en que no tomaste todavía una decisión, yo ya tengo la respuesta; la hallé plasmada en tus acciones. Y como se sabe, toda decisión implica alguna renuncia, y es a mí a quien, inconscientemente, renunciaste.

Sara Reckziegel

miércoles, 27 de marzo de 2019

Sujetos interpolantes

Contemplando el cielo nuboso,
Mi mente llena de dudas
Me hace pensar
Sobre nuestro incesante divagar,
Entre amar y no amar,
Sonreír o llorar,
Sufrir o gozar.
¿Es acaso imposible de acuerdo estar?

Que si te amo me odias.
Que si te odio me amas.
¿Es admisible tanta inmadurez?

Es nuestro eterno vaivén;
Nuestra acostumbrada historia
Que se malacostumbra a reiniciar
Poco antes de llegar al final,
Y sin alcanzarlo plenamente jamás.

Sara Reckziegel

miércoles, 20 de marzo de 2019

Como la vez anterior, y la anterior a esa

Hoy, nuevamente esperé emocionada tu llegada -pese a lo que pasó la vez anterior, y la anterior a esa-.
Preparé tu platillo favorito para la cena, dejé todo impecable para que te sintieras a gusto en un ambiente agradable, y traté de ponerme bonita, esperando que me miraras con ternura igual que antes.
Pero la realidad me volvió a golpear cuando abriste la puerta y, tras entrar, la cerraste de un portazo.
No te miré a los ojos directamente, para no enfurecerte.
Tus pasos firmes se dirigieron al comedor, y me senté junto a ti, aún sin mirarte.
Comiste un bocado o dos, y empujaste los cubiertos, que cayeron al piso ocasionando un desastre.
Solo soltaste un gruñido de disgusto antes de retirarte a la habitación y dejarme allí, con la cabeza gacha, tan destrozada como los trastes; preguntándome ¿qué habré hecho mal?, y lamentando no ser digna de ti; creyéndome, nuevamente, como la vez anterior, y la anterior a esa, la peor mierda del mundo; y pensando en que mañana, quizá sea diferente.

Sara Reckziegel

martes, 19 de marzo de 2019

Confesión elocuente

A veces me pregunto qué pasaría si pudieras ver a través de mí (como a veces sospecho que haces). Qué pasaría si supieras que te pienso a diario y que muero por vivir en tu abrazo, pero que me contengo, me contengo y finjo indiferencia frecuentemente porque ya entendí que solo así me prestas atención; que de otro modo te aburro. Y te entiendo, yo también me aburro de mí misma y me reclamo de manera permanente el no saber ser "interesante".
Perdón por eso.
Pienso en qué pasaría si supieras que cuando llevo los auriculares puestos, lo único que escucho es aquella grabación tuya tocando el piano; que mi alma danza sintiendo tus sentimientos allí plasmados. Mas no lo admitiré.
Pero, el amor es así, ¿no?
Tiene que doler, debe ser difícil y sufrido. Es otra cuestión la de sufrir por quien lo valga, y yo juego todas mis cartas en tu nombre.
Entonces, mi sacrificio de amor es contenerme. Contener el 90% de lo que está preso en mi pecho, luchando con audacia por escapar, y mostrarte solo el 10% restante, que aún temo, sea demasiado.

Sara Reckziegel

jueves, 14 de marzo de 2019

Solos

Habemos quienes disfrutamos del tiempo a solas; de la quietud, la armonía y la paz que implica. Pero, aunque no nos quejemos, entendemos que conlleva más de lo que aparenta.
Significa no tener quien te organice una fiesta sorpresa, y probablemente, no tener quienes invitar a una; significa que hayan solo una o dos personas con quienes te sientas verdaderamente a gusto, si es que las hay. Implica no tener a quien acudir en caso de necesitar donde dormir esta noche u otro auxilio. Es, posiblemente, no poder evitar sentir cierta envidia de aquellos que tienen un numeroso grupo de amigos muy unidos, y que tus redes sociales no colapsen en cumpleaños o fechas especiales. Es no recibir invitaciones a bailar o al karaoke, que no te tengan en cuenta para las pedas, ya que todos te creen muy cerrado. Pero no. No somos cerrados. Solo tendemos a la soledad por sentirnos seguros en ella; por no tener las habilidades sociales quizá, para ser tomados en cuenta; por dominar el arte de disfrutar de nosotros mismos aunque deseando con ímpetu hacer lo mismo con compañía.
Pero, no es más que nuestra la culpa; porque en algún momento, que no recordamos con claridad, decidimos alejarnos, pensando en que no daríamos nuevas oportunidades de que nos defraudaran. Sin embargo, con frecuencia pensamos en que deberíamos buscar el equilibrio, puesto que, todo lo mencionado anteriormente, aunque no queramos aceptarlo, pesa y mucho.
Mas, cuando tratamos de soltar el fuerte abrazo a nuestra zona de confort, a menudo volvemos a ella, haciendo aún más fuerte el enlace.
Anhelamos vivir experiencias divertidas, lidiar con los dramas del romance; llorar de la risa por sinsentidos que tengan sentido para los que estemos allí; que nos hagan cambiar el modo de ver el mundo al escuchar filosofías distintas a las propias, y "ser". Seguir siendo aun fuera de nuestra burbuja, seguir siendo aun en compañía.
Porque, aunque a veces nos guste estar solos... Odiamos sentirnos así.

Sara Reckziegel

martes, 12 de marzo de 2019

Aunque eso implique perderte

Cansada de mendigar tu amor, cual perro callejero que espera con ansias las migajas que caen, con el anhelo de saciar su necesidad, aunque en el fondo sepa que no lo logrará; he decidido amarme a mí primero, aunque eso implique perderte.
Decidí dejar de cohibirme, de mantener preso lo que pide a gritos ser expreso. Decidí desplegar mis alas ya moribundas por la falta de uso.
He decidido amarme a mí primero, aunque eso implique perderte. Pero, de todos modos, creo que no pierdo, porque este caso ya estaba perdido desde antes.

Sara Reckziegel

domingo, 10 de marzo de 2019

Tal vez sí

Hoy me he puesto a reflexionar sobre nosotros.
Sobre la extraña relación que llevamos
Y que nos hace tanto daño
-o tanto bien-.

Es que hacemos algo tan único
Con eso de variar
Entre el amor y el odio apasionado,
Arrasando con todo a nuestro paso
Cual volcán en erupción.

Es que nos hacemos tanto mal, pero esos escasos momentos buenos
Son la gloria,
Y hacen que ignore todo lo demás.

Tal vez solo es el precio que hay que pagar,
Porque todo lo bueno tiene su costo, según dicen.

Pero, ¿y si el problema es que tememos a la soledad? 
¿Que le tememos tanto que nos seguimos soportanto el uno al otro
Por no soportarla a ella?

Tratando de verlo desde fuera,
La conclusión obvia es dejarte marchar
-o marcharme yo-,
Pero es tan difícil...

Me enfrento ante el dilema
De perderte a ti
O perderme a mí en mi capricho por conservarte.
Entonces, ¿qué hago?

Perderte, no es opción.

Perderme... Tal vez sí.

Sara Reckziegel

viernes, 8 de marzo de 2019

He aquí mi canción desesperada

E inspirada en mi tristeza, puedo,
Al igual que Neruda,
Escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo,
Que la noche está estrellada,
Como el mar de tu mirada
Cuando, aunque queriéndolo evitar,
Estás a punto de llorar.

A veces, te quería;
A veces, tú también lo hacías.

¿Hubo amor?
Puedo asegurarlo.
¿A qué sino nos llevarían nuestros sentimientos?
¿A qué sino?

Y como creo que puedo escribir los versos más tristes esta noche,
Escribiré sobre lo injusto de lo vivido.
Del porqué de lo efímero del amor
Y de lo extenso del olvido.

Escribiré que a lo lejos,
Tiritan azules los astros,
Como el ya escaso rastro
De tu amor hacia mí.

Sara Reckziegel

El anhelo de ser libres

¿Cuándo llegarás?
¿Acaso lo harás siquiera?
Dime la razón por la que te haces esperar tanto,
Ilusionándome de tanto en tanto,
Colocando una gota en la punta de mi lengua,
Para sentir el sabor de aquello
Que se empeña en quebrantarme
Sin aceptarme en sus brazos.

¡Oh! ¡Adorada libertad!
Que finges cercanía
Para luego alejarte mucho más;
Empujándome a aguas amargas
Que sin cansancio intentan ahogarme,
¿Qué otra cosa hago sino desesperarme?
Te suplico, me tengas piedad.
¿Es acaso demasiado un poco de bondad?

Se volvieron constantes los suspiros
Mas ya sin efecto
Pues no logran su motivo
De expulsar en el soplido
Lo que perturba a mi ser.
¿Cuál entonces es la solución?
¿O es mi destino eterno lidiar con ello?
Responde, por favor.

Y si fuere así, entonces detente.
Detén tus constantes ilusiones
Porque no pienso formar parte de esto.
Aunque te desee con todas mis fuerzas...
Prefiero no tenerte nunca
A tenerte de a ratos,
Haciéndome pedazos
Cuando te vas.

Sara Reckziegel

Qué será tienen las palabras

 Amo escribir. Pero m ás que amarlo, lo necesito. Como respirar. El ex-presar lo que preso en el pecho está. El soltar lo que danza y danz...

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