martes, 26 de mayo de 2020

Mi cajita de recuerdos

Tengo una cajita de recuerdos, que guardo con la intención de que los momentos que más atesoro queden en manos de alguien si algún día dejo de estar. Con la intención de que algún día alguien pueda conocerme por completo a través de ellos.
Revisándola después de mucho tiempo, me he dado cuenta de que algo anda mal.
Porque ya no sé si sigo siendo lo que fui.
Sigo siendo aquella niña que soñaba con estudiar en Harvard y hacer cosas grandes que cambien el mundo para mejor. Aunque, también soy aquella niña que no hizo nada para lograrlo. Aquella que pensó que bastaba con tener fe para poder comerse el mundo, ignorante de que la fe sin acción no logra nada.
Sigo siendo aquella niña que soñaba con publicar libros desde joven, y con ser una artista de renombre. Pero también soy aquella que se acobarda frente al teclado luego de unos minutos, y aquella que pensaba que era suficiente con dibujar una vez cada varios meses para llegar a las famosas galerías de arte.
Al igual que sigo siendo aquella ingenua niña que quería ser violinista, maquilladora, profesora de dibujo, presidente, costurera, cantante y bailarina. Y lo fui, fui cada una de esas cosas... Brevemente. Nunca habiendo llegado a la cima de nada porque la constancia no se halla entre mis dones.
Cuando pienso en aquella niñita soñadora que fui y que aún llevo muy adentro, solo puedo pensar en lo decepcionada que ha de estar de lo que resultó ser al crecer. Definitivamente no soy la propia heroína que ella imaginó y anheló con tanto ahínco.
Solo deseo que juegue a las escondidas y nunca me encuentre para evitar el avergonzarse. Odiaría que viera en lo que se convirtió.

viernes, 22 de mayo de 2020

Que se jodan

Finalmente tomó aquella decisión que le andaba rondando la mente ya hace rato.
Frente al espejo, con las tijeras en la mano, y mechones esparcidos por el suelo.
Vestida con una blusa corta y con escote, que mostraba el piercing de su ombligo y que nunca había vestido por el qué dirán. Llevando una falda también corta, que siempre había deseado vestir pero que tampoco lo hacía por lo mismo.
Su ex novio le habría dicho que parecía una prostituta, y que disimulara su falta de recato porque le hacía pasar vergüenzas.
Su tía, le diría algo similar, aunque tal vez cambiando prostituta por ramera, algo más de su vocabulario. Agregando que su vulgaridad avergonzaba a la familia.
Sus compañeras se burlarían, como siempre, y murmurarían acerca de que sabían que no podía ser tan buena e inocente, que esas son las peores. Todo para disimular su envidia y falta de autoestima.
Y ahora, a ella le daba igual. Le valían mierda las opiniones de aquellos que nunca habían contribuido a construirla, que nunca le habían manifestado alguna muestra de verdadero amor o de interés bienintencionado siquiera. Le bastaba con saber que los suyos, los pocos que la amaban y demostraban desearle lo mejor, siempre estarían a pesar de todo.
Hoy tomó la decisión. 
Decidió mostrarle el dedo medio al mundo. Dejar de callar. Dejar de esperar la aprobación de todos y de cuidar sus palabras para no ofender a nadie.
Decidió sentirse sobradamente suficiente. Hacer y decir lo que verdaderamente le nacía, y abandonar aquello que hacía sin sentirlo; solo porque era lo que correspondía. Lo que dictaba la sociedad.
Hoy decidió ser libre y abrazar la paz con la que soñaba cada noche. Nadie podría corromper aquello, porque a nadie le daría esa posibilidad. 
El maquillaje que llevaba lo decía a gritos. Les advertía que hoy no llevaba puesta la paciencia y mansedumbre de siempre. 
El cigarro entre sus dedos contribuía a la idea de aquello. No, ya no se escondería.
Ella había logrado todo sola. Y se había valido sola. Ya era hora de que buscara solo su propia aceptación. Aunque se equivocara. Aunque se arruinara.
Y si lo hacía, sería siendo ella misma y no una ilusión de lo que demás decían que debería.
Así fue como salió, a ser feliz. A disfrutar de la vida y, por sobre todo, a amarse a sí misma.
Lo último que la escuché decir antes de salir fue: "que se joda el mundo".

sábado, 16 de mayo de 2020

Ella lloraba por las noches

Ella lloraba por las noches.
Cuando nadie podía oírla; cuando nadie podía juzgarla.
Las lágrimas que emergían con empeño,
buscaban delicadamente retornar a su origen en el suelo.
Ya era habitual.
Era el ritual que la ayudaba a triunfar al día siguiente.
Frente al día brutalmente glacial a causa de la gente imprudente,
con la que debía ser complaciente.
Ella, solo deseaba
sonreír sinceramente mañana.
Sin tapujos. Sin embrujos.
En un mundo sin maraña.
Pero no, no era esa la realidad.
Aunque se pudiera desear,
mas no le daba la potestad
y solo le restaba rezar.
"Ojalá mañana sea diferente"
y el suspiro deje de ser frecuente,
y el destino deje de ser renuente
a dejar de hacer su vida cadente.



domingo, 10 de mayo de 2020

Hay días, y días.

Hay días...

 Y días.

Todos variamos nuestras facetas algún que otro día.
A veces, pareciera que algo funciona distinto dentro de nosotros, porque mostramos un brillo tan potente, que le luce inusual hasta a la persona más alegre y optimista. Es una sensación maravillosa que nos empodera y nos genera una confianza suprema. En esos peculiares días, nos sentimos capaces de todo y definitivamente es así porque todo lo que hacemos se nos da bien.

Me hubiese gustado que este fuera uno de esos días, en lugar de el día que fue.

Porque también hay de esos otros días, que tampoco son los comunes y que son especiales pero de otro modo. En estos días de los que te hablo, uno se siente diferente, pero no por el brillo, sino por la opacidad. En donde desde que te levantas de la cama, o quizá después de unas horas, te empiezas a sentir extraño. Te vas dando cuenta de que haces cosas sin querer, o empiezas a hacer cosas que, de repente, revisas y resulta que no tienen ni el más mínimo sentido.
Se te olvida todo, no te puedes concentrar, te distraes con una rapidez ensordecedora. Y sientes que vuelas pero no en un buen sentido.
La frustración es la actitud que rige estos días que, gracias al cielo, tampoco son tan frecuentes. Y esta frustración es acompañada por la tristeza y los constantes suspiros.

Entonces uno solo espera que llegue la noche, y se suele ir a dormir más temprano de lo común. Con la sola intención de que ese día ya acabe, y esperanzado de que, el día siguiente no vuelva a coincidir ese mismo tipo de día.

viernes, 8 de mayo de 2020

Mi peor enemigo

Existe una persona, una que siempre me hace daño.
Y se esfuerza tanto en hacerme sentir miserable casi todos los días, cada vez que tiene la mínima oportunidad.
Me hace sentir tan vulnerable. Tan insuficiente.
Y... Realmente no sé por qué se lo permito. A nadie más le he dado esa potestad.
Pero esta persona es diferente, porque la quiero tanto y creo que sería capaz de perdonárselo todo.
Anhelando con desesperación su aprobación que parece nunca llegar. Solo durante efímeros momentos podemos estar en paz, luego todo se vuelve a resquebrajar y yo vuelvo a estar acurrucada en un rincón, con lágrimas rebosantes en los ojos y abrazada a mí misma, mientras que esta persona, está de pie frente a mí, gritándome todas mis falencias y escupiéndome a la cara para hacerme sentir aún más humillada y pequeñita.
¿Cómo le hago saber que quiero la paz? Que quiero que estemos bien, llegar a una tregua.
¿Cómo le hago entender que solo quiero amarle y que me ame también?
¿Cómo se lo digo? Si cada vez que procuro hablarle volvemos al ritual eterno de sentirme dolida y de esta persona ofendiéndome.
Suspiro. 
"Lo seguiré intentando", me digo y me dirijo a procurarlo de nuevo, de pie frente al espejo.

jueves, 7 de mayo de 2020

En la piel

Te diría que te llevo en el alma. Pero no es precisamente ahí en donde llevo tu recuerdo.

Lo llevo tan marcado, tan adherido a mí, que es inevitable que la piel se me erice cada noche. Que se erice siempre en un momento determinado. Determinado, a revivir el calor de tu toque... Y la suavidad del paso de tus dedos, torno a mis caderas.

Te diría que te llevo en el alma.

Pero mentiría.

Porque te llevo en la piel. 

lunes, 4 de mayo de 2020

Lo que mi amigo se llevó.

Se veían tan felices compartiendo mimos y sonrisas sin preocuparse de quién los viera.
Yo seguía sentado en una mesa distante a la suya, con una cerveza medio vacía. Recordando los momentos en que yo era el motivo de esas risas, que eran tan preciosas. Al parecer no fui el único en notar esa belleza, ya que de no ser por eso, ella seguiría sentada conmigo. Al igual que mi amigo.
También pasaban por mi mente todas las veces en que le hablé a él de ella... Pidiéndole consejos. Y ahora entiendo su insistencia en que no debería tomarla tan enserio y sus constantes burlas por mi entusiasmo.
Fui tan estúpido, ¿cómo pude no haberme dado cuenta?
Ahora entiendo que cuando tienes algo que atesoras, debes guardarlo para ti solo. Porque cuando alguien más entienda lo que vale, no dudará en hacerse con ello a la primera oportunidad.

sábado, 2 de mayo de 2020

¡Salud!

Hoy pido, no. Exijo un brindis.
Exijo dos copas rebosantes de champán, o de vino tinto, o de vodka barato, para esta ocasión especial.
Que, en realidad no es una ocasión especial, pero es en memoria de muchas otras ocasiones que sí lo fueron.
Brindo por esos momentos que vivirán únicamente en nuestra memoria. Aunque ya quizá solo en la mía, porque puede que la tuya los haya dejado morir.
Pero qué importa. No me duele la pena de lo que dejó de ser. Prefiero quedarme con la gloria de lo que fue, y alimentar mi contento recordando que mi dicha fue plena. Y, francamente, valió la pena cada segundo.
Y este brindis es como un ritual. Algún cierre de ciclos que excluye los cortes de cabello o cambios drásticos de look. Porque, pensándolo bien... Por fuera creo que seguimos luciendo exactamente igual. Pero -no sé si lamentablemente o no-, ya no somos los mismos.
Luces igual, pero te veo tan diferente. Y quizá tu puedas alegar lo mismo en cuanto a mi respecta. En realidad no lo sé. Aunque siempre me haya jactado de leerte con facilidad, nunca pude verme a través de tus ojos, y lo anhelaba con tanto fervor.
Pero esa ignorancia probablemente fue lo mejor. Sospecho que me ahorré sobrados disgustos al no ver el cambio en tu mirar. Miento. Claro que lo noté, pero preferí fingir demencia y así entendí que esa ignorancia tenía sus encantos.
 ¡Salud! -Digo extendiendo mi copa al cielo.
¡Por ti, por mí!
Y por lo que fue, sin haber debido ser.

-Finalmente, bebo cada gota de su contenido y lanzo el cristal a un costado, sin interesarme en lo que suceda con él.

Sara Reckziegel

Qué será tienen las palabras

 Amo escribir. Pero m ás que amarlo, lo necesito. Como respirar. El ex-presar lo que preso en el pecho está. El soltar lo que danza y danz...

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