martes, 28 de abril de 2020

Tú puedes hacerlo también.

Quién diría que esta situación traería tantas cosas buenas.

Mientras nosotros nos ocupamos de mantener el distanciamiento social y resguardarnos en la seguridad de nuestras casas, afuera el mundo se renueva con rapidez; aprovechando cada segundo de su descanso de nosotros. El aire se purifica, delfines de río encuentran su camino en nuestros habituales lugares de fiesta. Y nosotros, nosotros tenemos una oportunidad realmente única para reencontrarnos y para esclarecer quiénes somos y qué es lo que realmente queremos.

En este tiempo siento que pude encontrar mi voz, y aclarar lo que nunca antes había aclarado. Logré entender qué es lo que realmente anhelo. Logré entenderme.

Estoy empezando a cambiar hábitos que odiaba de mí, pero que eran más fuertes que yo, y ahora soy yo la que se siente invencible tras hallar la libertad de esa celda de frustraciones que solo amargaba mi existir.

Y creo poder asegurar, que nunca antes me había sentido mejor.

Hoy siento que tengo magia en cada pedazo de mi ser. y la aprovecharé hasta lo último.

Y es por ello que hoy tengo el coraje, de renunciar a todo aquello no me gusta de mí, y de emprender el camino hacia eso que soñaba. Y digo "soñaba" porque siempre lo consideraba improbable, pero ya dejó de ser así. Esos sueños hoy se transformaron en objetivos, estructurados con metas. En logros que quizá tarde en realizar, pero que, tal vez más tarde que temprano lograré y me llenarán de tanto orgullo como el que imagino cada vez que pienso en el momento en que realmente se haya concretado.

Deseo con todo mi corazón que más personas puedan encontrar su voz en estos días, que lamentablemente son más difíciles para algunos que para otros dadas las condiciones de desigualdad que nos son tan características como sociedad. Ojalá puedas encontrarte a ti mismo, y tomar el coraje para hacer eso que siempre anhelaste, pero que también siempre trataste de apartar de tus pensamientos por no creerte capaz, o por no creerlo posible.

Solo tú puedes determinar hasta dónde llegarás. Lo único que puede diferenciarte de aquellos que llegaron hasta donde quieres estar, es que ellos tomaron el coraje y lo intentaron, se cayeron muchas veces pero siguieron intentando. Tú puedes hacerlo también.

jueves, 23 de abril de 2020

Libros, libros.

Hoy es el día del libro, no un simple día más. 
Es por ello que decidí escribir acerca de lo que los libros fueron para mí desde hace unos años.
No, no es simple lectura. Va mucho más allá.

Mi relación con ellos inició cuando hace cuatro años mi profesora nos encomendó la lectura de un clásico. "El Lazarillo de Tormes" era el que me correspondía.
Este fue el primer libro que leí hasta el final. Era algo que en esos tiempos me parecía tan utópico, porque leer un libro siempre parecía ser demasiado difícil para mí, lo veía como algo tan distante por alguna razón que aún no comprendo del todo.
Terminarlo, fue tan gratificante. Fue genial descubrir que prefería los libros a las películas porque estos no limitaban mi imaginación como ellas. 
Eso fue a mediados de año. Llegadas las vacaciones de verano, estaba tan encantada descubriendo cada vez más y más historias hermosas, que calaban hondo en mí.
En ese verano leí cuarenta y dos libros, y recién empezaba.
La miopía y el cansancio que se formaban no me detuvieron ni por un solo segundo. No dormía hasta que terminara el libro vigente, y no porque no quería; sino porque la ansiedad y la curiosidad de saber qué sucedía después me quitaba la posibilidad de hacerlo. Era más fuerte que yo.
Solo sé, que los libros fueron mis mejores compañeros en la soledad. Me obsequiaron la posibilidad de olvidar todo lo que sucedía a mi alrededor con tan solo sumergirme en sus aladas páginas. Fueron mi paz durante el caos. Son mi mejor consuelo. 
Es tan difícil de describir lo que significa imaginar a cada uno de esos personajes y sentirlos tan vivos, tan reales. Odié a algunos y me enamoré de muchos de ellos. Sentí la amistad y la fraternidad de la mayoría al igual que su amor y cariño.
Y todo ello, centenares de libros después, solo pudo encaminarse hacia una cosa: El deseo de escribir.
En realidad, escribo mucho antes de lo que leo. Desde que tengo memoria. Pero eso fue pulido por la creatividad y el vocabulario que se iban generando. Y también era nueva la parte de querer escribir para alguien más que para mí. 
Creo que todo lector empedernido, tarde o temprano se cruza con esta idea; la de querer tocar el corazón de otros de la misma manera que otros tocaron el tuyo, mediante historias tan emotivas, que siempre te inspiran a más aunque las leas mil veces.
Quien sabe. Quizás algún día lo logre, o quizá no. Pero le daré libertad a esa llama; y, tal vez pronto se le de la oportunidad.



(23 de abril, día mundial del libro)

lunes, 20 de abril de 2020

Posdata: Lo siento.

Me es muy difícil hacer esto.
Me cuesta, y mucho, tragarme el maldito orgullo que siempre me impide tener paz... y ser feliz.
Me cuesta, y ¡Carajo, cómo me cuesta!
Pero hoy, cuando casi te escribo para felicitarte, pensé: "con qué cara pienso hacer eso y actuar como si nada", cuando yo evité todo contacto desde el principio, sin pedir explicaciones ni darte la oportunidad de darlas.
Estaba dolida, y en un mal momento. E hice lo que mejor sé: Cagarla y a lo grande.
Varias veces casi llego a escribirte, lo más cercano fue aquella publicación que te envié porque no sabía como empezar. Qué irónico teniendo en cuenta lo mucho que me gusta jactarme de mi amor por la escritura. 
Y últimamente estuve reflexionando demasiado. Mis mayores pilares están tan lejos, que a veces siento que ya ni los tengo, y definitivamente no quiero perder a más gente que amo y aprecio.
La culpa me estuvo carcomiendo, cuando ocurrió algo y a quién quise contárselo fue a ti; o cuando quería tener de nuevo alguna de esas llamadas largas durante la madrugada, contándonos todo lo que sucedía y el cómo nos sentíamos al respecto, pero no es lo mismo con nadie más.
Me arrepiento, de dejar que mis inseguridades dominen mi mente, haciéndome creer siempre que no puedo confiar en nadie, que en algún momento todos me decepcionarán. Pero ya estoy grande para intentar justificarme con cosas que la madurez, que al parecer aún no me toca, ya debió haber dejado en el pasado.
Y, precisamente pensando en ello: en que es hora de crecer, es que decidí iniciar por lo que ocupaba mayor espacio en mi mente... Decirte Feliz Cumpleaños.



Posdata: Lo siento.

Sara Reckziegel

sábado, 18 de abril de 2020

Culpa de mis miedos

Ya ha pasado más de un mes desde el inicio del confinamiento. Y, desde el principio, mi principal misión fue combatir tu nombre en mis pensamientos.
No tenía caso hundirme en tu recuerdo, cuando, pese a haber alguna posibilidad entre nos; no te vería en quién sabe cuánto tiempo y ya tenía suficientes problemas por los que preocuparme. O esa era mi excusa para no admitirme a mí misma que estaba cagada de miedo ya que una cosa es verte a esos preciosos ojos y sentir el abrigo de tus caricias, y otra muy distinta el conversar escudados por pantallas. Pantallas que me impiden ser consciente de tus gestos y, por ende, de tu recepción a mis palabras.
Ya soy lo suficientemente insegura como para exponerme a los nervios que implican el estar jugando a ese tipo de adivinanzas. Yo necesitaba verte. Por el mero placer de ello. Y porque, es en tus ojos en donde encuentro fugaces reflejos de tus pensamientos, que me ayudan a saber si los pasos que estoy dando son los que me llevarán hacia ti.
Hoy. Después de un mes y una semana de confinamiento... el sentir que te tengo me impulsó a hablarte. Mas, mi necesidad de tener todo siempre bajo control me obligó a revisar tus últimos tweets antes. Solo por seguridad. 
Y aún no sé si estoy agradecida o no de haberlo hecho. Solo sé que mediante ello pude ser consciente de que lo que estaba apunto de hacer no tenía caso. Y también sé, que te perdí. 
Aunque de eso tampoco estaría tan segura, dado que, ¿cómo podría perderte si realmente nunca te tuve? 
Tal vez al igual que esos reflejos en tus ojos, quizá te tuve durante instantes fugaces. Esos instantes en que, sin serlo realmente, éramos el uno del otro. Tan cómplices. Destellando un fulgor del que quizás ambos no fuimos conscientes, pero los demás sí. Y al escucharlo fue que me di cuenta.
Probablemente no hubo quién te hizo consciente de ello como a mí. Y sea por eso que me olvidas.
Aunque de vez en cuando me recuerdas, y vuelves a mí.
Y todo esto solo me hizo tener clara una cosa: la próxima vez que vuelvas, apagaré la voz de mis miedos y daré rienda suelta a mis sentires, que por primera vez, conocerán la plena libertad.

Qué será tienen las palabras

 Amo escribir. Pero m ás que amarlo, lo necesito. Como respirar. El ex-presar lo que preso en el pecho está. El soltar lo que danza y danz...

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