Yo seguía sentado en una mesa distante a la suya, con una cerveza medio vacía. Recordando los momentos en que yo era el motivo de esas risas, que eran tan preciosas. Al parecer no fui el único en notar esa belleza, ya que de no ser por eso, ella seguiría sentada conmigo. Al igual que mi amigo.
También pasaban por mi mente todas las veces en que le hablé a él de ella... Pidiéndole consejos. Y ahora entiendo su insistencia en que no debería tomarla tan enserio y sus constantes burlas por mi entusiasmo.
Fui tan estúpido, ¿cómo pude no haberme dado cuenta?
Ahora entiendo que cuando tienes algo que atesoras, debes guardarlo para ti solo. Porque cuando alguien más entienda lo que vale, no dudará en hacerse con ello a la primera oportunidad.
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