El orgullo es un defecto tan mío. Pero creo que es mi mayor virtud en este momento; en este preciso momento en el que admito, a viva voz, que me quiero y considero demasiado y en que decido no conformarme con menos que lo mismo.
Por eso me cuelgo al hombro el bolso, y me voy por una puerta distinta de la que usé para entrar, porque tu concepto de mí ahora, probablemente difiera del del principio.
No puedo esperar simplemente a que "me prefieras". Tal vez soy poco perseverante, pero conmigo lo es todo o nada. Y, aunque pienses en que no tomaste todavía una decisión, yo ya tengo la respuesta; la hallé plasmada en tus acciones. Y como se sabe, toda decisión implica alguna renuncia, y es a mí a quien, inconscientemente, renunciaste.
Sara Reckziegel
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